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Página 1 de 3 Delegación de Acción SocialProvincia de Castilla SJ «Oye, hoy no sabemos qué hacer con este grupo de niños; nos hemos quedado solas; lo que teníamos programado no podemos realizarlo; ningún voluntario nos avisó de que no vendría hoy... ». Seguramente no es ésta una situación infrecuente; a lo mejor, se puede complementar con su contraria: «Precisamente hoy, que vienen menos niños, no sabemos qué hacer con tanto voluntario en esta actividad. ¡Con lo bien que nos vendría que vinieran otro día...!». Son ambas situaciones relativamente frecuentes en muchos proyectos sociales en los que participan conjuntamente voluntarios y profesionales contratados. En otros momentos de la actividad, se insiste en la preocupación por su capacidad, en la dificultad del seguimiento de sus actividades, en la poca formación y en la variedad y heterogeneidad de edades y condiciones. Pero estas situaciones se refuerzan con problemas cada vez más fuertes para encontrar vo1untarios que quieran dedicar un tiempo fijo semanal, que puedan y se animen a continuar más allá de un año. O, simplemente, que su presencia sea mínimamente significativa para las personas a las que tratan de ayudar. En una concepción amplia, el voluntariado se puede entender como aquellos que tienen algo (generalmente, tiempo) que pueden poner al servicio de otros; que libre y gratuitamente aportan su presencia para apoyar determinadas iniciativas sociales, educativas, culturales, deportivas, políticas… Desde ahí, oímos hablar de voluntarios olímpicos, voluntarios en la organización de una manifestación, voluntarios en un encuentro masivo eclesial... Parece que se insiste más en la abundancia y los recursos que se quieren aportar que en las implicaciones sociales y personales que puedan tener. También nos encontramos frente a una posible crisis del voluntariado, pero las campañas institucionales y mediáticas y la misma propaganda más bien parecen desmentirlo. El mensaje es incluso el contrario: es una clara prioridad social. Y, sin embargo, la imagen del voluntario ha cambiado; de la presencia casi exclusiva del joven generoso y altruista hemos ido pasando a una progresiva presencia de todas las generaciones, especialmente jubilados y pre-jubilados laborales. Ahora bien, ¿tiene sentido seguir apostando en los proyectos sociales por la presencia de voluntarios?; ¿no sería mejor profesionalizar cada vez más los mismos para tratar de subsanar muchas de las dificultades con que nos hemos encontrado y nos seguimos encontrando, teniendo en cuenta, además, que para muchas organizaciones el voluntario sigue siendo un recurso necesario e imprescindible para tener más capacidad operativa, más recursos, aumentar su proyección, y quizá como mano de obra barata?
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